Not about leadership

The 5th of February of 2017, I embarked in an adventure to develop my leadership. It was all settled. I was going to be an English teacher for 3 months in Poland in a remote town that hosts 7000 people, a 15th century wooden church and a huge coal factory.

But I never felt like such a thing.

I didn’t feel like a leader when I stepped out to the cold and snow wearing 5 kilos of clothes and a new pair of snow shoes that I hadn’t worn before and gave me blisters. Neither did I feel like one when I faced for the first time a group of 10 tiny 3-years-old to whom I could barely communicate and who gave me back confused faces or babbling sounds.

I didn’t feel like a leader when I was asked to speak more slowly because they couldn’t understand me, or to stop that video because the accent of that TED speaker was too weird. I was far from being a leader when I forgot to prepare an activity for a class and I had to come up with something new, funny and challenging in five minutes. Definitely not a leader when I asked questions that made my students uncomfortable and wanting to change the subject. Or when I decided to introduce competition games in a group were two kids ended up crying because they lost.

Neither was I a leader when I saw how one of my students was bullied in a language I could not understand, or when I gave them extra homework with a trembling voice and asked them to apologize, or when the parents wanted to talk about it with the director of the institute and my legs were shaking because I wasn’t even sure what were they bullying her for.

And I was certainly not a leader when another of my students confessed me she wanted to end her life because she felt she was not pretty, smart or good enough.

I started being a leader when It all ended. When I came back to Argentina, walked out of the plane and faced the so out of place humidity and 22 degrees in the middle of Fall. When I saw someone drive through a red light and someone else littering from their car. When I heard the journalists in the TV talk about floods and prosecuted politicians. When I was scrolling down the pictures I took in Poland and I realised how fulfilled I was, how happy that experience made me, how much I’ve changed in 3 months, and how much I was not going to let that be just a memory.

And that’s when It hit me. You don’t need an internship to be a leader, you need and internship to understand that you already are one.

 

Advertisements

Consejos póstumos para una hija (Caitlin Moran)

Hace algún tiempo Adele compartió en su cuenta de Twitter un enlace a una entrada de un blog ( http://brouhahadreamer.tumblr.com/post/55349059350/my-posthumous-advice-for-my-daughter ). Y agregó que era “la mejor carta que había leído en su vida”. No conformándome con haberla leído varias veces, terminé imprimiéndola. La carta fue escrita por Caitlin Moran, una escritora que trabaja para el diario “The Times”.

He aquí mi humilde traducción al español:

Mi hija está por cumplir trece años y estuve fumando bastante los últimos días, así que en las pequeñitas horas de la mañana, cuando siento que tengo un ratoncito atrapado en mis pulmones, rascándome para escapar, pensé en escribirle una de esas cartas de “Ahora que estoy muerta, acá están mis consejos para que los consultes mientras seguís tu vida huérfana de madre”. Éste es el primer borrador. Quizás lo retoque después. Cuando me fume otro cigarrillo.

Querida Lizzie. Hola, soy mamá. Estoy muerta. Qué pena. Espero que el funeral haya estado bueno. ¿Papá puso “Don’t stop me now” de Queen mientras ponían el cajón en el incinerador? Espero que todos hayan cantado la canción y tocado guitarras imaginarias como estipulé. Y también espero que hayan usado bigotes falsos de Freddy Mercury como indiqué en “El plan para mi funeral” que está pegado en la heladera desde 2008 cuando me agarró esa gripe que me hizo sufrir tanto.

Bueno, acá hay un par de cosas que aprendí en el camino y que podrían serte útiles en los años venideros. No es una lista exhaustiva, pero es un buen comienzo. Además te dejé un montón de plata del seguro de vida, así que podes entrar en eBay y comprarte todos esos vestidos vintage de segunda mano que tanto te gustan. Siempre te quedaron hermosos. Siempre fuiste hermosa.

Lo más importante es tratar de ser agradable. Ya los sos, tan adorable que estallo, así que quiero que te aferres a eso y nunca lo dejes ir. Seguí aumentándolo despacio, como si tuvieras un interruptor de intensidad, siempre que puedas. Simplemente decidite a brillar, constantemente y sin parar, como una luz cálida en una esquina, y todos van a querer ir hacia vos para sentirse alegres, y para ver todo con más claridad. Vas a ser brillante y constante en un mundo oscuro y cambiante, y esto te va a ahorrar la ansiedad de otras cosas, menos satisfactorias, como “ser cool”, “ser más exitosa que todos los demás” y “ser muy flaca”.

Segundo, siempre recordá que, nueve de cada diez veces, no es una crisis nerviosa lo que te está pasando, solamente necesitás un té con masitas. Te sorprendería saber cuán fácil y repetidamente te podes confundir estas dos cosas. (Comprá una lata grande para poner masitas.)

Tercero, siempre mové los gusanos de la vereda al césped. Seguro estan teniendo un mal día y son buenos para… la tierra o algo (preguntale a papá sobre esto, yo no entiendo mucho).

Cuarto, elegí a tus amigos porque te sentís más como vos misma cuando estas con ellos, porque los chistes salen fácil y sentís que en su compañía siempre estás con la ropa adecuada, aunque estés con una remera y un jean. Nunca ames a alguien a quien creés que tenés que cambiar. O que te haga sentir que tenés que cambiar. Hay chicos que buscan chicas brillantes, se quedan al lado tuyo y te hablan despacio al oído para que solamente vos los escuches y terminan succionándote la alegría. Los libros sobre vampiros son ciertos, clavale una estaca en el corazón y corré.

Mantenete en paz con tu cuerpo. Mientras esté saludable, nunca lo consideres un problema o una falla. Acariciate las piernas de vez en cuando y agradeceles por ser capaces de correr. Poné tus manos en tu estómago y disfruta lo suave y cálida que sos, maravillate con el mundo que funciona dentro tuyo, esa genial maquina de carne y hueso, como yo hacía cuando estabas adentro mío y soñaba con vos todas las noches.

Cuando no se te ocurra nada para acotar en una conversación, hacé preguntas. Incluso si estas al lado de un hombre que colecciona tuercas y tornillos de antes de los setenta, probablemente nunca tengas otra oportunidad de aprender sobre tuercas y tornillos de antes de los setenta, y nunca sabés cuando te podría ser útil.

Esto me lleva al próximo consejo: la vida se divide en MOMENTOS MARAVILLOSOS PARA DISFRUTAR y EXPERIENCIAS HORRIBLES QUE SE CONVERTIRAN EN ANECDOTAS MARAVILLOSAS. No importa que tan espantoso sea, podes superar cualquier cosa si te imaginas en el futuro contándole a tus amigos sobre eso mientras ellos gritan sin poder creerlo ¡NO! ¡NOOOO! Incluso cuando Jesús estaba en la cruz, seguro que pensaba “Cuando resucite en tres días, los discípulos no me van a creer lo que les voy a contar.”

Corazoncito, mirá todos los amaneceres y atardeceres que puedas. Salite del camino para sentir el aroma de las rosas. Mantenete convencida de que podes cambiar el mundo, incluso si es solo un pedacito chiquito, porque cada pedacito chiquito necesita alguien que lo cambie. Imaginá que sos un cohete de plata, usá música fuerte como combustible, libros como mapas, y coordenadas para saber como llegar. Sé una anfitriona extravagante, amá constantemente, bailá con zapatos cómodos, hablales de mi a papá y a Nancy todos los días, y nunca pero nunca empieces a fumar. Es como comprarte un dragón bebé muy tierno que después crece y termina quemándote toda la casa.

Con amor, mamá.

El Tío Fermín

El tío Fermín no es en realidad mi tío, es mi tío abuelo. Pero por una cuestión de ahorro de palabras, todos lo llamamos “tío”.

El tío Fermín es la persona que menos palabras escuché pronunciar en mi vida, sin embargo, cuando habla, se sabe que va a decir algo inteligente o en su defecto, gracioso. Es un poco como siempre quise ser, alguien que habla poco pero dice lo que tiene que decir.

El tío Fermín es una criatura nómade y solitaria, camina lento y cansinamente, como si le pesase acarrear con todos sus conocimientos. Tiene la piel curtida por el sol porque dudo que en su vida haya tocado una gota de pantalla solar. Y además porque no tiene auto y va a todas partes en colectivo o caminando.

El tío Fermín es increíblemente flaco. Si uno se lo queda mirando por mucho rato, da la sensación de que en cualquier momento se puede quebrar en mil pedacitos y esparcirse por el suelo cual caricatura. Si pusiéramos a Clint Eastwood y a Bill Murray en una licuadora, obtendríamos un tío Fermín. Él se las arregla para unir los gestos despectivos de Eastwood y los gestos afables de Murray en un solo rostro.

Al tío Fermín nadie le dá órdenes ni le dice qué le convendría hacer con tal o cual cosa. Y no porque sea una persona autoritaria o que no acepte opiniones, sino porque nadie duda de su criterio ni de su inteligencia.

Cuenta la leyenda que nunca en su vida pisó un consultorio médico. Sus hijas tuvieron que llevarlo de prepo hace unos días, a sus casi 85 años, para que por lo menos le aseguren que sigue vivo y no es en realidad un cadáver andante.

Una vez le pedí que me contara alguna anécdota célebre de su infancia, de esas difíciles de olvidar y que siempre están a mano para relatar. Era un atardecer de enero y estábamos compartiendo una merienda familiar, todos sentados en círculo: el tío Fermín nos contó de la vez que salió a cazar con su hermano y éste accidentalmente le disparó en la pierna.

El tío Fermín me hace acordar a muchas personas y a ninguna a la vez. En mi mente, él representa a toda la gente sabia que conozco. Pero a la vez es único en su especie.

El Tio Fermin